Capitulo 6
Si estaban tratando de enojarme, seguro que lo lograron.
Y el hecho de que esos tipos feos se rieran de mà me hizo sentir aún peor.
Indignado, repliqué.
"Luca está enfermo, asà que me dirijo a la botica".
“Oh, ¿desde cuándo? ¿Pensé que no te importaba Luca? Dijiste
que enfermarse es parte del crecimiento".
"No estoy de humor para bromear".
QuerÃa deshacerme de todos, pero a Thomas no le importó y se
quedó a mi lado.
Me miró y quiso evaluar mi reacción.
“Oye, por cierto, un buen caballero vino hoy. Parece que es
un aristócrata, asà que Lea ya lo vio.”
El pueblo de Emden no es un lugar tan grande, todo el mundo
estaba al tanto de todo.
Si algún extraño llegaba a la aldea, ese chisme viajaba rápidamente.
Asà era por aquÃ.
Solo pude adivinar quién vino al pueblo.
Debe ser el dueño del carruaje que arruinó mi ropa, ese aristócrata.
"Ah, creo que sé quién es".
"¿Lo conociste? ¿Tú lo viste a él?"
“No, no podrÃa. Ese carruaje casi me golpea y me caÔ.
"Entonces, ¿es por eso que te ves tan desordenado?"
HabÃa algo de satisfacción en su voz.
ParecÃa feliz de que no me involucrara con ese aristócrata.
Ni siquiera intenté mostrar ningún interés en lo que estaba
diciendo; sus palabras pasaron por un oÃdo y salieron por el otro.
Reiteré una y otra vez que Luca estaba enfermo, pero seguÃa divagando con su
pequeña charla sin sentido.
Si conocà al aristócrata o no, no me importaba.
Lo ignoré y solo continué por mi propio camino.
Thomas, que todavÃa estaba a mi lado, se aclaró la garganta.
“Um, hey. Entonces, ¿tienes un socio hoy?"
DeberÃa haber sabido que tan pronto como entré en la aldea, él
me rodearÃa como un mosquito.
Mis cejas se fruncieron profundamente.
¿Ni siquiera escuchó lo que dije todo este tiempo?
“Te lo dije, Luca está enfermo. ¿Y un socio? Deja de
molestarme. Ve a buscar a alguien más a quien molestar".
“Vamos, no uses a Luca como excusa. ¿Y desde cuándo te
preocupas tanto por Luca?”
Thomas repitió esas mismas palabras una y otra vez.
Realmente debe haber pensado que estaba mintiendo.
Chico, estaba cabreado.
No tenÃa ningún motivo para que otros supieran mis verdaderas intenciones.
Cambiar la percepción que los aldeanos tenÃan de Judith Maybaum desde hacÃa
mucho tiempo llevarÃa demasiado tiempo, especialmente porque entré en este
cuerpo recientemente.
27 años y 1 mes.
El karma de este cuerpo necesitaba seguir su curso.
Pero cada vez que hablaba, todos asumÃan que estaba mintiendo, asà que no
quedaba otra opción que sentirme mal.
Al menos ella no era tan infame ni una villana tan notoria, asÃ
que debo estar agradecido por eso.
Y si tuviera que ir a otra aldea, tal vez no reciba este tipo de tratamiento.
Después de que envÃe a Luca a la residencia de Winterwald, tal
vez sea mejor para mà mudarme a otra aldea.
En cualquier caso, todavÃa necesitaba evitar a sus parientes lejanos...
Intentaron encontrar todos los ángulos posibles desde los que derribar a Luca.
Incluso si Judith no trató de conseguir más dinero de Winterwald, como lo hizo
en la historia original, era solo cuestión de tiempo que la encontraran, ya que
era la única pariente viva del lado de su madre durante la infancia de Luca.
Dado que Winterwald está en el norte, eso es imposible.
Occidente es peligroso para los extraños, por lo que tampoco es bueno.
Y como Emden está en el sur, no...
Dirigirse al este o hacia la capital era prometedor.
Sin embargo, para una joven soltera sin un lugar al que llamar hogar,
establecerse en un pueblo rural no parecÃa ser una buena idea, por lo que
dirigirse a la capital parecÃa ser la mejor opción.
Si quieres esconder un árbol, ve a un bosque para esconderlo.
Thomas se aferraba tanto a mà que me sentà aún más desesperado
por alejarme.
Como un loro, seguà tratando de decir cosas para ignorar a Thomas.
Pero incluso eso tenÃa lÃmites.
No pude soportarlo más y la rabia brotó de mis ojos.
“¿Desde cuándo le di a Luca como excusa? Si odiara algo, te
dirÃa que lo hice. ¿No lo sabes?”
"Yo sé."
"¿Tengo que deletrear cada maldita letra para que
entiendas?"
Mis cejas se fruncieron furiosamente mientras gritaba.
Poco después de que Thomas dejó de hablar, sus hombros se encorvaron.
Ya sea que no quisiera rendirse o justificar su posición, comenzó a murmurar
para sà mismo.
“Pero… deja de jugar tan duro para conseguirlo. Sabes, es
por eso que todavÃa no estás casado y tienes que cuidar a tu
sobrino. Nadie te aceptará si no bajas tus expectativas".
Me espetó como si hubiera ensayado esta lÃnea a la perfección.
Los vasos sanguÃneos de mi frente estallaron de ira.
Aunque hay innumerables diferencias entre Judith y yo, supongo
que existen algunas similitudes.
Una similitud fue que no querrÃamos bajar nuestras expectativas solo para
casarnos.
El primer perÃodo de matrimonio de Judith: ¡riqueza!
Por mucho que tenga un complejo de inferioridad sobre su apariencia, disfrutaba
embellecerse.
0 Comentarios